En una comunidad altoandina de Huancavelica, estudiantes de secundaria comenzaron a transformar la manera en que aprendían dentro del colegio. La iniciativa surgió como una respuesta a la necesidad de desarrollar proyectos más conectados con la realidad de su entorno y con oportunidades concretas para el futuro.
A partir de un enfoque basado en ciencia, tecnología y trabajo colaborativo, alumnos, docentes y familias empezaron a impulsar actividades productivas que mezclan educación práctica y sostenibilidad.
Cultivos en medio de temperaturas extremas
Uno de los mayores retos fue lograr sembrar berries en una zona ubicada a más de 4,600 metros de altura. Para enfrentar las condiciones climáticas, los estudiantes implementaron fitotoldos que les permitieron cultivar fresas, frambuesas, zarzamoras y aguaymantos.
Con el tiempo, las cosechas dejaron de ser solo un experimento educativo y pasaron a convertirse en productos elaborados por los propios escolares. Hoy producen jugos, néctares, mermeladas y otros derivados que comercializan para generar recursos.
Más aprendizaje y nuevas metas
Además del impacto productivo, la experiencia ayudó a fortalecer habilidades vinculadas al emprendimiento y al trabajo en equipo. El avance alcanzado por los estudiantes permitió que la institución obtuviera reconocimiento en una competencia nacional relacionada con innovación educativa.
Ahora, el siguiente paso será incorporar más herramientas tecnológicas y ampliar los espacios de cultivo para continuar desarrollando el proyecto y abrir nuevas oportunidades para la comunidad escolar.











