En el marco del Día Nacional del Vino Peruano, el interés por esta bebida vuelve a crecer en el país, impulsado por una industria que gana espacio en el mercado y busca consolidar su prestigio con productos de mayor calidad. En ese escenario, saber elegir una buena botella se ha convertido en una preocupación cada vez más frecuente entre los consumidores.
El Instituto Nacional de Calidad (Inacal) recordó que la calidad de un vino no depende solo de la percepción del paladar, sino de una serie de criterios técnicos que permiten garantizar su autenticidad, inocuidad y correcta información al público.
La advertencia llega en un momento favorable para el sector vitivinícola peruano. Según cifras de Produce, durante 2025 la producción nacional de vino alcanzó los 21.9 millones de litros, lo que representó un crecimiento de 4.5 % frente al año anterior. A ello se suma la generación de más de 36 mil empleos directos, una señal del peso que ha ganado esta actividad en la economía local.
Para asegurar estándares adecuados, el Inacal promueve la aplicación de la Norma Técnica Peruana NTP 212.014, documento que establece las condiciones que deben cumplir los vinos producidos y comercializados en el mercado nacional.
De acuerdo con esta norma, uno de los primeros aspectos que debe revisar el consumidor es que el vino presente características organolépticas acordes con su clasificación. Es decir, que tenga un color, aroma y sabor propios del tipo de vino que declara ser, además de un aspecto limpio y brillante al momento de su comercialización.
A ello se suman parámetros fisicoquímicos que ayudan a confirmar la calidad e inocuidad del producto. Entre ellos figuran el grado alcohólico, la acidez, el contenido de metanol, sulfatos, cloruros, anhídrido sulfuroso y azúcares, indicadores que permiten verificar si la bebida es apta para el consumo.
La norma también clasifica los vinos por color —tinto, blanco y rosado—, por contenido de azúcar —seco, semiseco y dulce— y por su técnica de elaboración. Esa información resulta útil para que el comprador conozca mejor el perfil de la botella que está adquiriendo.
Otro punto decisivo está en la etiqueta. El consumidor debe comprobar que incluya la denominación del producto, el país de origen, el contenido neto en litros o mililitros, el grado alcohólico expresado en porcentaje de volumen, el número de lote, el registro sanitario y los datos del productor o responsable.
En el caso de los vinos elaborados en el país, el etiquetado debe incorporar expresiones como “Producto Peruano”, “Hecho en el Perú” o “Industria Peruana”. De forma adicional, puede detallar la variedad de uva empleada y el año de cosecha, siempre que esa información cumpla con los criterios técnicos exigidos.
El Inacal remarcó que esta norma forma parte de un conjunto de 20 Normas Técnicas Peruanas elaboradas para el sector vitivinícola, que abarcan desde métodos de ensayo hasta requisitos de composición y calidad. Este marco busca fortalecer la confiabilidad de los análisis, la transparencia de la información y la competitividad de la industria.
Además, existen otras normas aplicables a productos vinculados a esta actividad, como el brandy, el vermut y el aguardiente de uva, lo que evidencia un esfuerzo más amplio por ordenar y elevar los estándares de la cadena vitivinícola peruana.












