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Ipsos prevé menor consumo por caída de nacimientos

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La baja natalidad global altera los modelos de consumo, según el informe de Ipsos

El declive de la fecundidad se consolida como una certeza matemática que afecta a 19 de las 20 economías más grandes del planeta, con la única excepción de Arabia Saudita. En estas potencias, el promedio de nacimientos se sitúa por debajo de la tasa de reemplazo generacional, rompiendo la premisa histórica de un mercado en constante expansión. De acuerdo con el reporte Generaciones 2026 elaborado por Ipsos, las empresas enfrentan la necesidad de adaptarse a un entorno donde el volumen de compradores dejará de aumentar automáticamente. 

Aparte de la reducción del ritmo de nacimientos, las tensiones financieras globales y los cambios socioculturales transforman el ciclo de vida de los usuarios. La búsqueda de crecimiento comercial dependerá más del entendimiento de las distintas etapas personales que del simple aumento en la masa de clientes. 

¿Cómo cambian las etapas de vida en América Latina y el mundo?

Los hitos tradicionales asociados a la madurez sufren postergaciones en diversas regiones. En los países miembros de la OCDE, la edad promedio del primer matrimonio aumentó seis años respecto a los indicadores registrados en 1990. Asimismo, el acceso a la vivienda representa una traba generalizada: el 71% de los encuestados en 29 países sostiene que la compra de un inmueble resulta compleja para las generaciones jóvenes, incluso si cuentan con un empleo bien remunerado. 

En América Latina, la población suma aproximadamente 672,1 millones de habitantes, con una edad media de 32,1 años y una esperanza de vida de 76,2 años. Aunque la región mantiene una estructura demográfica relativamente joven frente a las potencias desarrolladas, los Millennials abarcan el 23,4% de la población regional, convirtiéndose en un segmento con fuerte peso económico. 

Por su parte, los integrantes de la Generación Z conservan aspiraciones tradicionales a pesar del contexto económico. El 70% de estos jóvenes planea conseguir un trabajo estable de tiempo completo, el 62% contempla tener hijos, el 55% busca casarse o formalizar una unión civil y el 50% espera adquirir una vivienda propia. 

¿Qué impacto tienen las nuevas estructuras familiares en las marcas?

La contracción del tamaño de los hogares fomenta la aparición de nichos de mercado diferenciados. Las familias sin hijos ganan relevancia económica, al tiempo que el segmento senior dispone de periodos de retiro más prolongados y con capacidad de gasto. Además, la presencia de animales de compañía adquiere un lugar central en la dinámica doméstica; en Estados Unidos, por ejemplo, el 51% de los dueños considera que las mascotas integran la familia en el mismo nivel que los seres humanos. 

Frente a estas transformaciones, la consultora Ipsos enfatiza que la estrategia empresarial no puede limitarse a reproducir fórmulas de distribución masiva. 

“Durante mucho tiempo, las marcas crecieron en un mercado que se expandía casi por inercia. El desafío era ganar escala: innovar más rápido, producir más, mejorar la logística y amplificar la comunicación para acompañar una demanda en aumento. Hoy el escenario es otro. En un mercado que deja de crecer solo, el desafío pasa por entender mejor a las personas: cómo cambian sus etapas de vida, cómo reorganizan sus prioridades y dónde siguen existiendo oportunidades reales de crecimiento”, explica Wendy Mendez Casariego, Account Manager en IUU Qualitative de Ipsos Argentina. 

¿Por qué el crecimiento futuro se basará en la empatía y la segmentación?

El análisis de 3,6 millones de respuestas de trabajadores en distintos países revela que las variaciones de comportamiento laboral y de consumo responden al momento profesional más que a la pertenencia generacional. Las etapas individuales muestran un paso gradual desde el optimismo inicial hacia el realismo y la selectividad. 

Las empresas necesitan replantear su aproximación a los usuarios ante la falta de volumen poblacional. El desarrollo corporativo exigirá una lectura detallada de las prioridades personales para atender demandas específicas. 

“El crecimiento por demografía se terminó. Y eso obliga a las marcas a asumir que empieza otra etapa: una en la que ya no alcanza con hacer más de lo mismo para llegar a más gente. Prepararse para lo que viene implica cambiar la mirada, leer mejor las nuevas etapas de vida, entender tensiones cada vez más complejas y, sobre todo, ser más humanos. Porque el crecimiento futuro va a depender menos del volumen y más de la sensibilidad, la empatía y la inteligencia con la que se interprete a los consumidores”, concluye Mendez Casariego.

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