Las matemáticas forman parte de decisiones cotidianas relacionadas con el manejo del dinero, el análisis de información y el uso de herramientas tecnológicas. Sin embargo, continúan siendo una materia compleja para una parte importante del alumnado. La Evaluación Nacional de Logros de Aprendizaje (ENLA 2024) revela que solo el 29,5 % de los estudiantes de cuarto grado alcanzó el nivel esperado en esta área, un resultado que se mantiene en la secundaria. Esta situación evidencia la necesidad de métodos de enseñanza que permitan avanzar con claridad, consistencia y motivación.
Según Carolina Bohorquez Herrera, Coordinadora Académica de Kumon, gran parte de las dificultades provienen de brechas que se desarrollan a lo largo de la trayectoria escolar. La especialista precisa que “muchos estudiantes enfrentan desafíos en matemáticas debido a diversos factores del entorno escolar, como los ritmos de aprendizaje variados o la necesidad de reforzar ciertos contenidos fuera del aula. En ocasiones, los estudiantes requieren más práctica, acompañamiento y estrategias personalizadas para consolidar su comprensión. El apoyo complementario, junto con un entorno de estudio adecuado, puede marcar una gran diferencia en su progreso”.
En ese contexto, el método Kumon propone un proceso de avance progresivo que inicia por debajo del nivel académico real del estudiante con el fin de generar experiencias de éxito inmediato. Bohorquez explica que “los materiales se presentan en pequeños retos secuenciales, lo que facilita que el niño descubra la solución por sí mismo. Este aprendizaje autodidacta convierte al alumno en protagonista, fortalece su seguridad y desarrolla habilidades como el razonamiento lógico, la concentración y la autonomía”. El enfoque permite que el estudiante gane confianza antes de enfrentar problemas más complejos.
La especialista añade que el aumento gradual del nivel de dificultad responde a un propósito emocional y cognitivo: fomentar que los niños disfruten los logros. “Cuando los niños sienten que pueden resolver un problema solos, el miedo disminuye y el disfrute aumenta”, señala Bohorquez. Bajo este principio, se consolidan habilidades que favorecen la persistencia y la precisión.
Para acompañar el avance de los estudiantes, la experta detalla cinco claves que facilitan un aprendizaje fluido y sostenible:
1. Aprendizaje a ritmo propio. Cada estudiante inicia en un punto que domina y progresa según su comprensión. Si un niño de 10 años experimenta dificultades en multiplicación, puede empezar con ejercicios más simples para reforzar conceptos básicos y avanzar de manera segura.
2. Práctica diaria entre 15 y 30 minutos. El hábito es más relevante que la duración. Con sesiones breves y constantes, procedimientos como las tablas o el análisis numérico se vuelven más familiares y fáciles de recordar.
3. Material secuenciado paso a paso. El estudiante enfrenta desafíos de forma autónoma, desarrollando habilidades para reconocer patrones y resolver problemas. El material está estructurado para conducirlo desde tareas simples —como identificar secuencias visuales— hasta operaciones más complejas.
4. Autocorrección y reflexión sobre los errores. Se promueve que el estudiante revise sus propios procesos antes de recibir una corrección. Esto fortalece la capacidad de análisis y la tolerancia a la frustración. Ejemplos como sustituir 5×7 por 32 permiten que el estudiante identifique el error y encuentre la respuesta correcta por sí mismo.
5. Elogio significativo. Los orientadores resaltan avances concretos, como mayor rapidez o menos errores, para reforzar la motivación interna. Este tipo de reconocimiento fomenta disciplina y progreso sostenido.
Gracias a estos elementos, los estudiantes desarrollan competencias como la concentración, la organización del tiempo, la perseverancia y la confianza al enfrentar nuevos desafíos. Bohorquez señala que “los padres observan cambios rápidos en sus hijos como mayor precisión, menos estrés, más autonomía y mejor disposición para aprender. Además, estas competencias permiten que los niños se adapten mejor a entornos académicos exigentes y a futuros escenarios laborales”.
El método Kumon, presente en diversos países, sostiene una propuesta centrada en el desarrollo autónomo de habilidades matemáticas mediante hábitos breves y materiales estructurados. Su enfoque complementa el aprendizaje escolar y busca generar progresos sostenibles.












