Oportuna atención médica en empresas reduce riesgos de mortalidad durante y después de sismos
Las organizaciones del sector privado en Perú enfrentan la necesidad de ampliar sus protocolos de evacuación e incorporar medidas de respuesta inmediata ante emergencias de salud causadas por movimientos telúricos en agosto de 2026. En un territorio caracterizado por una alta actividad sísmica, la preparación laboral no debe limitarse al señalamiento de zonas seguras y rutas de salida, sino que debe contemplar la asistencia primaria de los trabajadores lesionados.
Durante o después de un temblor suelen presentarse caídas, traumatismos, desmayos, descompensaciones o crisis severas de ansiedad entre el personal. En escenarios de mayor gravedad, como un paro cardiorrespiratorio, la intervención de los propios compañeros resulta determinante para la supervivencia del afectado mientras acuden los servicios especializados de socorro.
Estimaciones de la American Heart Association señalan que las probabilidades de supervivencia tras un paro cardíaco disminuyen entre un 7% y un 10% por cada minuto de retraso en la desfibrilación. Ante esta realidad, la capacitación previa dentro de los espacios de trabajo adquiere un rol decisivo para mitigar consecuencias fatales.
«En un paro cardiorrespiratorio, los primeros cuatro a seis minutos son decisivos. La primera persona que brinda ayuda suele ser un compañero de trabajo, por eso todos deberían saber cómo actuar», explica el Dr. Omar Plaza, médico ocupacional de SANNA División Ambulatoria.
¿Qué acciones operativas deben implementar las empresas para atender emergencias médicas?
Para mitigar los efectos de un evento telúrico en la salud de los colaboradores, el especialista de SANNA División Ambulatoria sugiere incorporar seis medidas estratégicas:
- Disposición de botiquines: Ubicar los insumos de primeros auxilios en áreas conocidas por todo el personal y verificar su vigencia periódicamente.
- Capacitación técnica: Instruir a los trabajadores en nociones básicas de reanimación cardiopulmonar (RCP), con énfasis en los integrantes de las brigadas.
- Definición de protocolos: Establecer con claridad los roles de atención, los canales de solicitud de ayuda y las líneas de emergencia autorizadas.
- Simulacros integrales: Incluir escenarios de heridos y pacientes críticos en las prácticas periódicas de evacuación.
- Equipamiento con DEA: Evaluar la instalación de un Desfibrilador Externo Automático y formar a colaboradores para su manejo en instalaciones con niveles de riesgo elevado.
- Zonas de atención: Asignar espacios despejados para la primera asistencia que no entorpezcan el flujo de evacuación.
¿Por qué es vital evitar la improvisación durante un desastre natural?
Aparte de garantizar la fluidez de las evacuaciones, la planificación previa evita que los empleados actúen de manera improvisada frente a un colapso de salud. Saber qué persona solicitará auxilio externo, quién aplicará primeros auxilios y cómo se organizará el traslado facilita la respuesta durante los minutos iniciales del evento.
Aparte de proteger la integridad física de las personas, una adecuada organización interna reduce el caos y la saturación de los servicios de urgencia externos. La correcta ejecución de maniobras básicas en los primeros minutos mantiene con vida al paciente hasta la llegada de la ambulancia.
«La preparación no debe empezar cuando ocurre la emergencia. Capacitar a los trabajadores y practicar la respuesta puede hacer que, cuando cada minuto cuenta, las acciones correctas ayuden a salvar una vida», concluye el médico de SANNA División Ambulatoria.
Tanto la infraestructura como el factor humano resultan decisivos en la gestión de desastres. Las organizaciones que amplían sus planes de prevención hacia la atención médica logran un entorno de trabajo más seguro y resiliente ante el riesgo sísmico permanente en el país.












