La falta de liquidez provocada por retrasos en los pagos es una de las principales causas del cierre de pequeñas y medianas empresas (pymes) en el Perú. Según estimaciones de la Cámara de Comercio de Lima (CCL), cerca del 40% de las pymes que cesan sus operaciones lo hacen por problemas de flujo de caja, generados por la morosidad de sus clientes.
Este problema estructural afecta especialmente a sectores como construcción y comercio, donde las tasas de morosidad alcanzan el 13.4% y 8% respectivamente, de acuerdo con cifras del Instituto de Economía y Desarrollo Empresarial (IEDEP) de la CCL.
Aunque la ley establece un plazo de pago de 30 días, en la práctica, muchas pymes reciben su dinero después de 60, 90 o incluso 120 días, especialmente al trabajar con grandes empresas. Esta situación, que debería ser la excepción, se ha normalizado, generando una relación comercial desequilibrada.
“La cobranza en el Perú es un tema tabú. Muchas pymes temen reclamar por miedo a perder contratos. Pero esta cultura está matando a los pequeños negocios”, advierte Juan Córdova, subgerente de Venta B2B en Flujolink, plataforma tecnológica especializada en gestión de cobranzas.
Soluciones urgentes: tecnología, cultura y marco legal
La informalidad en los métodos de financiamiento es otra consecuencia directa. Miles de pymes recurren a préstamos informales o aceptan condiciones abusivas para sobrevivir, lo que las arrastra a un círculo vicioso de deuda y vulnerabilidad.
Desde el sector privado, se propone una transformación profunda en la cultura de cobros, basada en procesos profesionalizados, tecnológicos y transparentes, sin conflictos con los clientes. “No se trata solo de cobrar, sino de hacerlo a tiempo, con respeto y eficiencia”, señala Córdova.
Por otro lado, aunque existen herramientas legales como la cobranza judicial o coactiva, su uso es mínimo debido a su lentitud y costo. Una propuesta legislativa clave, como una Ley de Pronto Pago similar a la de Chile, sigue estancada sin avances concretos.
“El Estado tiene la obligación de crear reglas claras y sancionar el incumplimiento. Y el sistema financiero debe ofrecer herramientas como el factoring con condiciones justas y accesibles”, puntualiza el vocero de Flujolink.
Una lucha silenciosa
Mientras tanto, la mayoría de las pymes enfrenta esta batalla en soledad y sin respaldo efectivo, pese a representar más del 99% del tejido empresarial peruano. Las cifras son contundentes: más de 100 mil pymes cierran cada año, muchas de ellas por causas que podrían evitarse con voluntad política, cultura empresarial y apoyo financiero real.












